Elena

Relatos de la semana: Elena Sagredo | Participante curso “Asistente de cuidados a personas en situación de dependencia”

Junto a su hija de once años viven de allegadas en la casa de su madre en el sector de Manquimávida en Chiguayante, quien por lo demás es el principal sustento económico del hogar. Ella quiere insertarse laboralmente en un oficio que le otorgue estabilidad, quiere un cambio de 180 grados en su vida, y este curso le dará esa posibilidad… sólo depende de ella.

A sus 38 años, Elena Sagredo es una mujer multifacética, pues durante gran parte de su vida ha trabajado de manera esporádica en diversos oficios, como “reponedora de supermercado, recepcionista de hotel, mesera, camarera y vendedora”, entre otros, sin embargo, ya decidió que es hora de buscar otros horizontes y, asistente de cuidados a personas en situación de dependencia es el elegido, además porque se sensibilizó con la actividad cuando debió cuidar a su padre enfermo. “Quiero un trabajo estable, mejor remunerado y donde pueda crecer en lo personal”, acota.

A diferencia de otras participantes del curso, Elena no ha tenido la necesidad de reorganizar sus tiempos ni hacer mayores sacrificios, gracias al apoyo de su madre y del papá de su hija, quienes la cuidan cuando ella no puede. De hecho, ahora, “tengo tiempo hasta para hacer deporte. Trato de salir todos los días a andar en bicicleta, cerca de 23 kilómetros en cada salida. Me gusta ir a Ramuntcho, a la Desembocadura y a Rocoto”.

Respecto al curso y su exigencia, de manera sincera reconoce que no ha sido fácil. “Ha sido un bombardeo de nueva información, ahora hay muchas cosas en mi cabeza y me ha costado volver a retomar el estudio”, señala destacando su perseverancia y la buena relación que ha entablado con sus compañeras, como los pilares que le han permitido seguir adelante con su propósito de concluir el curso y alcanzar la inserción laboral. “Empecé esto y no lo voy a dejar a medio camino. Voy a terminar”, agrega con convicción.

Importante también en este proceso ha sido su familia, en especial su madre y sus hijas de 11 y 19 años, quienes constantemente la arengan y animan. “A mis hijas les gusta que estudie, me dicen que soy capaz, que siga adelante. Me preguntan cómo me va, qué notas me he sacado”.

Módulos y actividades prácticas ha tenido muchas a lo largo de estos dos meses, sin embargo, la visita al hogar San José Obrero la marcó y le permitió darse cuenta que la vocación por este oficio está ahí, queriendo explotar en todo su esplendor. “Me dio un poco de pena en algunos casos, pero sentí que soy capaz de soportar las cosas crudas de este trabajo. Las visitas al hogar fueron un aliciente para seguir en esto”, manifiesta.

Con la práctica laboral a la vuelta de la esquina, Elena espera que sea una grata experiencia que le permita encantarse con el oficio, y si le va bien “poder quedar trabajando en el mismo lugar y tener un sueldo estable para poder ahorrar y postular a mi casa donde viviría con mis hijas y mis dos nietos”.

Cabe mencionar que esta iniciativa es financiada por el “Programa Servicios Sociales Subsecretaría del Trabajo – Ministerio de Desarrollo Social, Red Local y Cuidados 2017, Gobierno de Chile”.