Día Internacional de los Trabajadores y situación laboral de la mujer hoy

El origen de esta conmemoración internacional se remonta a una lucha por la extensa jornada laboral desarrollada en Estados Unidos en 1868. Allí había sido instaurada en la Ley Ingersoll, que establecía una jornada de trabajo de ocho horas con cláusulas que permitían aumentarla a 14 e incluso 18 horas.

Años después, en 1886 en la ciudad de Chicago, donde las condiciones de trabajo eran peores que en otras ciudades del país del norte, que las organizaciones laborales y sindicales se movilizaron para solicitar una reducción de la jornada laboral a 8 horas, de las 12 y 16 horas establecidas. La huelga surgida en Chicago se amplió hasta alcanzar carácter nacional con unas 5 mil huelgas simultáneas y más de 400.000 obreros movilizados. Proceso que obtuvo como resultado hacia finales de mayo de ese año una jornada de 8 horas. Sin embargo, en junio del mismo año, 5 sindicalistas anarquistas que promovieron la manifestación fueron condenados a la muerte en la horca. El impacto internacional que tuvo el juicio a los “mártires de Chicago” duró muchos años. En 1889 la II Internacional de París resuelve instaurar un día por la lucha internacional por las 8 horas. La fecha acordada fue el 1° de mayo de 1890, siguiendo una decisión de la American Federation of Labour, enlazándola simbólicamente con la huelga del 1° de Mayo de 1886 en EEUU y en honor a los mártires de Chicago.

En nuestro país, esta fecha se considera un feriado irrenunciable y se realizan múltiples conmemoraciones a lo largo del territorio, sin embargo, resta por conseguir avances en materia de igualdad salarial y porcentaje de inserción de la mujer en la fuerza de trabajo sobre todo. Según la encuesta CASEN 2015: “la tasa de participación laboral de las mujeres, es de 47,4% versus un 71,0% de los hombres. Pudiendo aumentar sobre el 49,3% según el último trimestre móvil de 2017. Y la brecha entre la participación laboral de mujeres y hombres se ha mantenido sobre los 20 puntos porcentuales en todos los años, registrando una reducción en 3,5 puntos porcentuales, de -26,8% en 2010 a -23,3% en 2015”.

Chile tiene bajas tasas de participación laboral femenina, tanto en relación con los países de la OCDE (63%) como a los latinoamericanos (56%). La brecha salarial es persistente: el 2015 los hombres ocupados percibían mensualmente un promedio de $587 mil y las mujeres $402 mil, lo que corresponde a una brecha de ingreso de -31,6%, en desmedro de las mujeres (NESI, 2015).

Un estudio de la Subsecretaría de Trabajo indica que 1.4 millones de mujeres quieren trabajar, pero no pueden. El principal motivo está en sus responsabilidades familiares permanentes: 38% de las inactivas, es decir, 1.478.000 mujeres no trabaja remuneradamente (ENE, 2017), por esta razón es clave proveer de las condiciones que faciliten a las mujeres salir de sus hogares para desarrollarse laboralmente y lograr una mayor autonomía económica, aportando al crecimiento del país. Por ejemplo, si estas mujeres se integraran al mundo laboral, el PIB nacional podría aumentar a 9%.

En síntesis, múltiples son las barreras de acceso al mercado laboral y de permanencia en sus trabajos que tienen las mujeres. Abordar estas barreras, proponer soluciones, actuar en el campo de las organizaciones para generar cambios, es una tarea transversal de orden nacional, pero también sectorial, regional y local que involucran al conjunto de la sociedad y a sus actores.

Se trata, a fin de cuentas, de trabajar hacia un modelo a escala humana y que considere el factor de género de forma equitativa, más allá de lo netamente productivo.

 

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